Lee Miller luce una apariencia de estrella de cine, la
elegancia de la época de oro en las fotografías blanco y negro, con un hermoso cabello
rubio y labios rojos. Pero no era una actriz, ella fue una importante modelo
de Vogue. ¿Qué hace una modelo exponiendo en el Museo de Arte Moderno?
Tenía leve idea de quién era y me emocionó cuando vi el
anuncio en el museo, de esto hace tiempo porque la exposición ya tiene un par
de meses mostrándose. Este iba a ser el primer tema.
Amo el surrealismo, es mi movimiento (corriente, tipo, rama, época, como
le quieran llamar) favorito dentro del arte. Es un mundo aparte, crudo e irreal
formado de imágenes y figuras sin sentido que fuerzan a la imaginación a darle
un sentido a lo que estás viendo. ¿En qué momento la modelo de Vogue se
convirtió en fotógrafa surrealista? Esto me despertó gran curiosidad, además de
que me fascina la fotografía.
Para empezar, el lugar es ideal para estas muestras. El museo tiende a pintar las salas de colores oscuros con una iluminación lastimosa que crea un
ambiente lúgubre, sobrio y misterioso. He de confesar que jamás leo los textos,
solo de muestras del tema que amo, pero generalmente salto todo y voy directo a las obras. Está
mal, porque pierde sentido lo que estás viendo. En este caso, leí hasta la
última palabra, no podía dejar de absorber información de la vida de Lee Miller
y el proceso por el que fue pasando para convertirse en la gran artista
surrealista.
Originaria del estado de Nueva York, rodeada de hermanos y
siendo la más machita de ellos. Un desmadre rebelde, eso resumía la primera parte. La
niña problema que no brillaría en sociedad. Los
padres la enviaron a París, qué mejor ciudad para que la niña problema y rara
se convirtiera en una damita de bien. La mandaron con guaruras y a ella le
valió y se fue por su lado para vivir la vida loca de la ciudad, con una leve pensión de papá.
Hubo un momento clave, cuando regresó a NY y la
descubrieron. Como pasa mágicamente con todas las modelos del mundo. Fue cuando
se convirtió en la favorita de las portadas de Vogue. Por este trabajo conoció
a Man Ray, famoso fotógrafo surrealista, pero el hombre vivía en París, porque
uno no puede ser surrealista en los años 20 y no vivir en Europa.
Lee Miller regresó a esa ciudad, ya era una modelo reconocida y de alta categoría pero
al parecer el amor fue más grande (aww). Se fue a perseguir al hombre. Fue una
gran influencia para lo que iniciaría, es lo que muestra la primera parte de la
exposición. La fotografía se ve básica, sin gran tema pero con algunos puntos
surrealistas, hay una foto de unas ratas con sus colitas colgando, bastante coqueta. ¿Cuál es el tema? Ni idea, eso es lo surreal, creo. Durante su estancia convivió con la artisteada del momento, muchos que serían
sus amigos por bastantes años.
Pero a Miller y a Ray se les acabó el amor y ella regreso a
NY en la peor época económica, y con ayuda de algunos abrió su estudio, más
enfocado a la moda y a la publicidad. Siguió con el lado artístico y llego a
exponer en importantes galerías de la ciudad. En esta etapa su foto ya se puede
ver más única, logró varios efectos interesantes que le daban a la imagen algo
diferente, a pesar de que varios son retratos o fachadas, sin embargo no se ven comunes.
Pero no se quedó ahí, conoció a otro hombre -lleven la
cuenta- con el que se casó y se fue a Egipto, dejando todo menos la fotografía, que ya era como
hobbie porque no había necesidad de trabajar. Hasta que se acabó el amor de
nuevo y conoció a otro hombre con el que se mudó a Gran Bretaña.
En esa estancia, estuvo durante un tiempo con Leonora
Carrington, gran amiga que si no fuera por la distancia que surgiría después,
hubieran sido besties. En ese entonces, Carrington vivía su tórrido romance con
Max Ernst, mayor que ella pero al parecer no importaba. Las fotos muestran a una
relajada artista en el verano, enamorada y viviendo apasionadamente. Lee plasmó
esos momentos y su fotografía se ve mucho mejor, se nota la evolución pero aún
faltaba más.
La vida la llevó por muchos lugares pero la guerra la marcó
y se convirtió en corresponsal de guerra para Vogue. Aunque en la mente esos dos conceptos son difíciles de mezclar por el concepto actual de la revista, en aquel entonces las
notas de la guerra y las fotografías de Lee Miller eran el principal atractivo.
Son imágenes muy fuertes, se ve la muerte, la destrucción y la maldad que rodeó
todo. Hay una donde están apilados muchos huesos humanos, recuerdo que me quedé
varios minutos viendo la imagen, tan real y tan fantástica al mismo tiempo. La
misma mujer, una modelo hermosa que se mostró en la primera sesión, era la
misma que vio todo eso, la que supo dónde enfocar. Es la mejor parte de la
exposición.
Al final, regresa al surrealismo y son fotos maravillosas,
pero ya con ese lado oscuro que atrapó durante años en esos viajes como
corresponsal. La curaduría (selección de fotos) es muy buena, por suerte,
conozco al británico que la realizó quien es un fanático del tema. Y qué decir de la museografía (el acomodo
de las fotos), es perfecta, es un recorrido por la vida de esta hermosa mujer,
las fotos son un retrato de su biografía.
Por suerte la exposición estará hasta febrero de 2016, raro
ya que las muestras usualmente duran tres meses, chance sea resultado de los
recortes de presupuesto para museos. Así que hay tiepo de sobra para ir, hay varias
muestras al mismo tiempo y vale la pena un recorrido en domingo por ese lugar.
Definitivamente te gusta el surrealismo y se nota que la exposición te encantó, se refleja en tu entrada y en los detalles que mencionas. Es un texto menos disperso que el anterior pero con un par de comentarios insertados que son parte de tu personalidad, lo cual siempre es agradable.
ResponderEliminarHoy aprendí algo nuevo gracias a ti, porque no tenía ni idea de Lee Miller.
Ni del Surrealismo.
Ni de lo que es la curaduría.
O sea, todo lo que leí me sirvió.